El vacío no puede ser cuantificado.
Aislados estamos y de una a otra soledad sólo dos vías atraviesan: hacia afuera, el lenguaje; hacia dentro, los sentidos. Del lenguaje hablaremos después.
Los sentidos son cinco cordones umbilicales que enganchan el ser a lo real, cinco traductores hechizos que acometen lo infinito, cinco velas delicadas en la oscuridad universal y... sin embargo, cinco mecanismos religiosamente atesorados.
Maravillosamente, el proceso evolutivo ha derivado de un sistema básico de adecuación el arte, el cual debe entenderse como el deleite a partir de la acción humana. A través de millones de años de evolución, cada estímulo a los receptores sensoriales ha ganado el efecto colateral del cielo.
Habiendo cinco sentidos, es razonable pensar que cualquier arte debe tener como punto de partida el deleite de, por lo menos, uno de los sentidos. De esto se derivan las siete bellas artes reales: cinco artes atómicas (fotografía, masajismo, gastronomía, perfumería y música), el arte absoluto (sexo) y el metaarte (lenguaje).
La caricia, el quejido, el aroma, el sabor y la apariencia. ¿Quién sabe más de esto que una prostituta? ¿Diez mil años de historia y por qué aún no son becarias del CONACULTA?
Estos son tiempos sombríos.
jueves, 6 de agosto de 2009
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